El Método Whole30 propone la restricción de determinados grupos de alimentos que, según explican los nutricionistas Melissa Hartwig y Dallas Hartwig, podrían estar erosionando la compositición corporal, la salud y la calida de vida. Tras finalizar el periodo de 30 días que dura el método explican que se pueden ir incorporando poco a poco los alimentos prohibidos para evaluar el efecto que tienen sobre el cuerpo.

Una de las bases no negociables del Método Whole30 es que debe seguirse «a rajatabla», pues para los autores no valen excusas, excepciones, ni caprichos. «Si inclumples una norma, siempre recomendamos empezar el Whole30 desde el principio», aclaran.

Reglas del Método Whole30
Los autores afirman que algunos alimentos restan salud por lo que, en su propuesta figuran las siguientes restricciones:

– No comer cereales. No están permitidos trigo, centeno, cebada, avena, maíz, arroz, mijo, bulgur, sorgo, cereales germinados y todos los pseudocereales sin gluten como el amaranto, el trigo sarraceno o la quinoa. Tampoco pueden consumirse los derivados del trigo, el maíz o el arroz, como salvado, germen o almidón.

– No comer legumbres. Aconsejan evitar alubias (negras, rojas, pintas, blancas, frijoles, habas, habones), guisantes, garbanzos, lentejas y cacahuetes. Tampoco se permite consumir ningún tipo de soja ni salsa de soja. Tampoco miso, tofu, tempeh, edamame y tampcoo otras fórmulas de introducir la soja en otros alimentos como el aceite y la lecitina de soja. Las únicas excepciones son las judías verdes, los tirabeques y las vainas de los guisantes tiernos.

– No consumir lácteos. No se pueden consumir los productos derivados de la leche de vaca, cabra u oveja como la nata, el queso, el kéfir, el yogur y la nata agria. Las únicas excepciones son la mantequilla clarificada o «ghee».

– No comer carragenanos (aditivo alimentario utilizado como gelificante o espesante en alimentos procesados), ni glutamato monosódico ni sulfitos añadidos. No deben aparecer en la lista de ingredientes de las comidas o bebidas procesadas.

– No recrear por nuestra cuenta repostería, caprichos o comida basura con ingredientes permitidos. Nada de tortitas de plátano y huevo, magdalenas de harina de almendra, o helado de leche de coco.

– No subirse a la báscula. Este método es mucho más que una dieta para perder peso y, si nos concentramos en la composición corporal, pasaremos por alto los beneficios que ofrece.

Razones para olvidar algunos alimentos
– Azúcar añadido. Según los autores, potencia el consumo excesivo por placer y los circuitos cerebrales de recompensa. «El consumo excesivo lleva a una desregulación hormonal y metabólica, que inflama el cuerpo y favorece trastornos como la resistencia a la insulina, la diabetes y la obesidad», detallan los autores.

– Alcohol. Los autores afirman que dificulta que el cuerpo controle eficazmente los niveles sanguíneos de azúcar y potencia de manera directa los cambios en la capa protectora intestinal, lo que contribuye a la aparición de permeabilidad intestinal, generando una inflamación que se inicia en el intestino, pero que se traslada a cualquier parte del cuerpo.

– Los cereales. Potencian un consumo excesivo, lo que genera alteraciones hormonales y metabólicas. Además, contienen proteínas inflamatorias como el gluten, y carbohidratos fermentables que pueden generar un desequilibrio de las bacterias intestinales y provocar inflamación corporal. También contienen los llamados antinutrientes que hacen que el cuerpo no pueda aprovechar el calcio, el magnesio y el zinc, presentes en esos mismos cereales.

– Los productos lácteos derivados de las leches de vaca, oveja y cabra contienen factores diseñados para ayudar a crecer deprisa a los mamíferos recién nacidos, que no resultan beneficiosos para un adulto. La porción de carbohidratos de la leche junto con sus proteínas producen una respuesta elevada a la insulina, que podría resultar inflamatoria en el cuerpo y que, además, potencia trastornos como la obesidad y la diabetes.

Alimentos permitidos en la dieta
Una vez conocidas las restricciones, los autores del método Whole30 muestran la lista de alimentos que sí se pueden consumir.

– Frutas y verduras. Se pueden disfrutar en si totalidad.

– En cuanto a las proteínas animales, proponen que sea carne alimentada con pasto orgánico o en su defeco carne magra limpia de grasa. Están permitidas las procedentes de pescados y mariscos que sean de pesca salvaje y sostenible; la ternera, cordero, ciervo, alce o búfalo; el jabalí o cerdo.

– Las aves como pollo, gallina, faisán, pato o pavo se aconsejan camperas y criadas en libertad, así como los huevos de esos animales.

– Durante el método se puede disfrutar incluso de carnes procesadas como el beicon, las salchichas y los fiembres, pero si su procedencia es de animales de pastoreo alimentados con pasto orgánico. La cuestión es que el método Whole30 permite comer todo tipo de carnes, incluidas las procesadas, siempre que no lleven azúcares o cereales en su elaboración.

– Entre las grasas vegetales que utilizaremos para cocinar destacan el aceite de oliva virgen extra o el aceite de coco, y como grasas sólidas aconsejan todo tipo de aceitunas, aguacate, anacardos o avellanas.

– La lista se completa con los alimentos que, según los autores, no pueden faltar en la despensa como aceite de sésamo, alcaparras, arándanos dulces y deshidratados, caldo de pollo, verduras y ternera, pepinillos, salmón en conserva, diferentes tipos de vinagre, atún enlatado, pimiento rojo asado o tomate triturado, entre otros.

Desde el 27 de enero «El Método Whole30. 30 días par acambiar tu vida», de Melissa Hartwig y Dallas Hartwig está a la venta en España, editado por Planeta y en castellano.

Fuente

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