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“Los que viven según la carne, no pueden agradar a Dios”

 

Uno de los intercambios más importantes en los Evangelios, es la conversación entre Jesús y Nicodemo. Las implicaciones son profundas y el contenido revela la incapacidad del hombre natural de comprender lo relacionado a la verdadera naturaleza del orden espiritual (Juan 3:1-15).

Jesús le había expresado a Nicodemo lo imperativo e inflexible de la necesidad de un nuevo nacimiento para la implantación de la nueva vida (“el que no naciere de nuevo” versículo 3). Lo que para Nicodemo fue un golpe a su intelecto (¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? versículo 4), para Jesús era el principio básico de la ley que gobierna el Reino espiritual.

En
la esfera de lo físico se reconocen dos leyes que operan en todo lugar, todo el
tiempo:

  1. La vida física es el resultado del nacimiento físico.
  2.  Lo que nace participa de la naturaleza que le dio nacimiento.

Lo natural engendra lo natural. Por lo tanto, Lo que Jesús le está diciendo a Nico es, así como en el orden natural y físico hay una ley que gobierna ese orden, en la esfera del espíritu, también. La vida espiritual es resultado de un nacimiento espiritual que nace de Dios y participa de la naturaleza de Dios. Lo divino engendra lo divino.

 

Juan 3:6

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, espíritu
es.

De esta forma Jesús declaro con precisión y claridad cuatro profundas verdades:

  1. Los hombres viven en dos esferas distintas.
  2. La entrada a ambas esferas es por nacimiento
  3. La carne engendra carne y el espíritu engendra espíritu.
  4. Si alguien desea pasar de la esfera de la carne, a la esfera del espíritu solo lo puede hacer por medio de un segundo nacimiento.

Jesús era y tenía lo que Nico necesitaba, la vida. Solo a los que viven en la esfera del espíritu se le puede conferir esa clase de vida porque poseen una naturaleza espiritual. Nico vivía en la esfera de la carne (el orden natural).

Sin dudas que él estaba viviendo de la mejor manera posible, en la esfera natural. Su deseo era ser mejor y esa fue la razón por la cual el vino a Jesús; él quería saber cómo vivir mejor y ser más útil en esa esfera.

 

Juan 3

Este vino a Jesús de noche, y le dijo: rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, sino está Dios con él.

Pero, Jesús fue directo a la necesidad y le mostro la imposibilidad de hacer que la carne se comporte de una manera espiritual: “Lo que es nacido de la carne, carne es”.

Puede ser carne intelectual, con mucha cultura, con grandes logros, carne moral, aun hasta religiosa – pero sigue siendo carne.

 

La carne es carne, llámese como se llame. Aun Dios ni siquiera intenta hacer que la carne sea algo diferente a lo que es.

 

Romanos 8:7-8

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne, no pueden agradar a Dios.

La carne es irreconciliablemente enemiga de Dios. No se puede cambiar ni mejorar. Se puede disfrazar con simpatía, amabilidad, gentileza, generosidad, cortesía y sigue siendo enemiga y se opone a todo lo que sea de Dios – y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Aquí estaba el inmenso problema de Nico de cual él no tenía ni idea. Sus estudios, estatus y privilegios no lo prepararon y mucho menos le mostraron que la vida natural del hombre es incapaz de operar en el orden de la vida espiritual.

La vida natural (carne) equipa al ser humano para vivir en la esfera de lo natural. Jesús no le ofreció ningún tipo de esperanza a Nico de que si se esforzaba más o si continuaba estudiando podía lograr un cambio gradual de lo natural a lo espiritual. Tampoco Jesús le hizo una propuesta para añadirle algunos dones espirituales de modo que reduciendo las tendencias malignas operara en virtudes divinas.

 

Jesús sabía que no hay ningún proceso para que la carne sea transformada de lo que es al orden espiritual. La carne no puede ser mejorada, cambiada o utilizada por Dios. No hay nada en ella que Dios pueda aceptar.

Si esto es así; ¿Qué es lo que hace Dios con el pecador que se arrepiente para trasladarlo a la nueva vida en la esfera del espíritu?

Lo que él hace es que lo dota con una nueva naturaleza que hace posible que pueda ver y entrar a su reino y a su familia de hijos. Al hacerlo participe de su propia naturaleza, implanta en él que ha creído, en su propia vida la cual fructificara una vida celestial.

Para vivir la vida de Dios es necesario tener la naturaleza de Dios a través del nuevo nacimiento en el cual Dios implanta Su propia vida en el espíritu del hombre para que habite en él.

 

2 Pedro 1:4

por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

 

1 Juan 3:9

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Por causa de esta implantación y participación el creyente en Cristo se convierte en alguien que posee algo que nunca había tenido, la naturaleza de Dios mismo.

La vida eterna del Dios que siempre es implantada en lo más profundo del ser humano y todo su ser, es gobernado con la energía divina de una nueva vida. El nuevo nacimiento es la impartición de una nueva naturaleza con facultades celestiales que produce en el hombre una vida totalmente nueva y lo equipa para vivir en una nueva esfera – lo que Pablo le llama, la vida en el espíritu.

 

Fuente

Frank Almonte

Su pastor personal
El pastor, Frank Almonte es un reconocido comunicador y productor de medios de comunicación cristianos de la ciudad de Nueva York, donde junto con su esposa Rosemary, han estado pastoreando el Centro Cristiano Adonai por más de veinticinco años. Es Doctor en Divinidades de la Universidad Cristiana Logos en Jacksonville, Florida y en Filosofía (PhD) de Texas University of Theology. Es también entrenador y mentor en The John Maxwell University. Su pasión por ensanchar el Reino de Dios lo ha motivado a escribir varios libros, entre ellos, Gobierno Apostólico y Riquezas de las Naciones.