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El único Rey

Aldo, de cinco años, escuchaba al pastor decir que Jesús había dejado el cielo para venir a la tierra, pero cuando agradeció en oración porque Él había muerto por nuestros pecados, el niño susurró con voz entrecortada y sorprendido: «¡Ay, no! ¿Se murió?».
 
Desde que Cristo comenzó a vivir en la tierra, hubo personas que lo querían muerto. Unos sabios llegaron a Jerusalén durante el reinado de Herodes y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle» (Mateo 2:2). Cuando Herodes escuchó esto, tuvo miedo de que Jesús le quitara un día su puesto. Entonces, envió a unos soldados a matar a todos los varones menores de dos años en Belén. Pero Dios protegió a su Hijo y mandó un ángel para que instara a sus padres a irse de allí. Ellos huyeron, y Jesús quedó a salvo (vv. 13-18).
 
Cuando Jesús completó su ministerio, fue crucificado por los pecados del mundo. Aunque el propósito era burlarse, el cartel que colocaron sobre su cruz decía: «ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS» (27:37). A los tres días, Él resucitó victorioso de la tumba. Después de ascender al cielo, se sentó en el trono como Rey de reyes y Señor de señores.
 
Que el Rey que murió por nuestros pecados reine en nuestro corazón.
 
De: Anne Cetas

Fuente

Frank Almonte

Su pastor personal
El pastor, Frank Almonte es un reconocido comunicador y productor de medios de comunicación cristianos de la ciudad de Nueva York, donde junto con su esposa Rosemary, han estado pastoreando el Centro Cristiano Adonai por más de veinticinco años. Es Doctor en Divinidades de la Universidad Cristiana Logos en Jacksonville, Florida y en Filosofía (PhD) de Texas University of Theology. Es también entrenador y mentor en The John Maxwell University. Su pasión por ensanchar el Reino de Dios lo ha motivado a escribir varios libros, entre ellos, Gobierno Apostólico y Riquezas de las Naciones.